1%. medianoche.
Se volvió y me besó en los labios. Le cogí la cara entre las manos y volví a besarlo, esta vez en la boca. No tuve suficiente. Seguí besándolo cada vez más apasionadamente, hasta que la respiración empezó a entrecortárseme.
-Te he echado de menos -susurró Lucas enterrando la cara en mi pelo-. Todas las noches me acuesto pensando en ti, menos las noches en que no puedo dormirme de lo mucho que te deseo.
-Lo sé. -Me abrí rápidamente el abrigo, le cogí las manos y se las metí por debajo de mi camisa, estremeciéndome-. Yo también.
Lucas se puso a acariciarme la piel, rozándome la curva de los senos con la yema de los dedos, y entonces ya no pude esperar más. Me senté en el suelo metálico y lo atraje hacia mí. Mientras él se tumbaba a mi lado, me abrí la chaqueta con tanto ímpetu que casi me arranqué los botones. Él me miró sorprendido un instante, antes de abrirse el abrigo y colocarse sobre mí, protegiéndome, abrigándome. Nuestros besos se tornaron más enfebrecidos, casi desesperados. Lo que estaba sintiendo no se podía expresar en palabras. Mareada y extasiada, eché la cabeza hacia atrás. Las estrellas parecieron inclinarse y girar por encima del techo abierto. Hundí los dedos en el pelo de Lucas para poder mantenerlo pegado a mí, mientras me hicera sentirme de aquella forma.
Lucas volvió a besarme en la boca y los dos empezamos a respirar entrecortadamente, enloquecidos. Lucas me metió un muslo entre las piernas. Yo le cogí la cara entre las manos.
-Tú y yo... ¿Quieres que yo...? ¿Va a pasar?
-¿El qué? -Lucas pareció volver a mí desde muy lejos-. Oh. Oh. No creía que... esta noche...
-Ni yo, pero siento que tú también lo deseas. -Lo besé; él estaba temblando, quizá de excitación. Era exactamente igual que el año pasado en la torre norte, igual de irrefrenable y apremiante-. Entonces estaremos juntos de verdad para siempre.
-¿Estás segura?
-Esto... lo cambia todo... para los dos... pero sí... lo estoy. ¿Y tú?
Lucas me sonrió de ese modo sensual que siempre lograba ponerme a cien.
-Del todo. -Cuando volvió a besarme, lo hizo con una intensidad distinta. Con resolución. Con apremio. Luego susurró con los labios pegados a mi mejilla-: ¿Has traído... ya sabes, protección?
-¿Protección?
-Ya sabes. -Yo no lo había hecho-. Bueno, yo no he traído condones. Porque soy... eso... idiota. -Lucas se dio un cabezazo contra mi hombro-. No pensé que tú... que llegaríamos a esto.
-Un momento, ¿creías que estaba hablando de sexo?
Lucas me miró. De inmediato supe que él si había estado hablando de sexo; lo tenía encima de mí y estaba medio desnuda. No era que yo no hubiera pensado también en hacerlo -puede que incluso más tarde aquella misma noche-, pero yo hablaba de atarnos para siempre.
-Bianca, ¿estás...? ¿Te referías...? ¿Estabas hablando de beber mi sangre?
-Sí.
-Pero no solo de beberla -se había puesto blanco como el papel-, ¿no?
-Creía que querías que... te transformara en vampiro. -El regalo definitivo. Le puse una mano en la mejilla, deleitándome con el tacto de su piel. Recordé viejos sueños que creía olvidados y, por un instante, me atreví a desear-. Hacer eso también me transformaría en vampiro a mí. Y entonces, Lucas, no tendríamos que volver a separarnos nunca.
Lucas se quedó completamente inmóvil.
-Antes me moriría y me quedaría muerto. Bianca, no vuelvas a pedirme eso nunca jamás. Porque es la única cosa del mundo que no haré por ti. Jamás seré un vampiro. Jamás. Cada palabra fue como un golpe. Lucas había progresado tanto en su actitud hacia nosotros que creía que su antigua resistencia a la idea podría haberse disuelto. Pero allí estaba, tan fuerte como siempre. Me sentí confundida: peor, me sentí rechazada. Lucas no quería lo que yo le había ofrecido, ni lo que era.
No parecía haber nada más que decir y la enardecida pasión que antes nos había dominado se había apagado como si jamás hubiera existido. Nos sentamos,apartándonos ligeramente el uno del otro. Mi piel desnuda notó por fin el frío y, un momento después empecé a abotonarme la chaqueta con los dedostemblándome. Lucas me pasço dulcemente un brazo por la espalda, pero, ahora, el abrazo nos resultó incómodo. Jamás habría imaginado que estar entre susbrazos se me pudiera hacer extraño, pero así fue.
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